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Fiebre de Origen Desconocido: Desentrañando el Enigma Diagnóstico con Ciencia y Visión Clínica
Equipo Editorial Reto MD
18 de Febrero de 2026

La fiebre, un signo tan antiguo como la medicina misma, sigue siendo un desafío constante en la práctica clínica. Cuando persiste sin una causa aparente, la denominamos Fiebre de Origen Desconocido (FOD), una verdadera encrucijada diagnóstica que pone a prueba nuestra pericia. Un reciente artículo de revisión en Open Forum Infectious Diseases profundiza en la evolución del concepto de fiebre, las definiciones de FOD, sus etiologías y los avances diagnósticos, ofreciéndonos una perspectiva crucial para nuestra labor diaria.
Este estudio nos invita a reflexionar sobre cómo los avances científicos y tecnológicos están moldeando nuestra aproximación a la FOD, sin olvidar la importancia insustituible del juicio clínico.
Desentrañando la Fiebre y la FOD: Una Revisión Rigurosa
Este artículo es una exhaustiva revisión de la literatura científica sobre la fiebre y la FOD, sintetizando conocimientos históricos, fisiológicos, epidemiológicos y diagnósticos. Los autores compilan y analizan datos de múltiples estudios y publicaciones para ofrecer una visión integral y actualizada de este complejo síndrome. Aborda desde la termometría clínica inicial hasta las modernas técnicas de imagen y los fundamentos fisiopatológicos de la respuesta febril.
Hallazgos Clave: Evolución y Avances
Los autores nos guían a través de varios puntos fundamentales que transforman nuestra comprensión de la fiebre y la FOD:
La Fiebre: Más Allá de un Número Arbitrario
Tradicionalmente, hemos considerado 37.0°C (98.6°F) como la temperatura corporal “normal”, un valor establecido por el médico alemán Carl Reinhold August Wunderlich en el siglo XIX. Sin embargo, estudios más recientes sugieren que esta cifra podría ser una convención histórica más que una verdad fisiológica universal, con temperaturas promedio ligeramente inferiores en la población moderna (Mackowiak et al., 1992; Wright & Auwaerter, 2020).
La fiebre no es simplemente una temperatura elevada, sino una respuesta fisiológica compleja que involucra al sistema inmunitario innato. Se inicia con la exposición a pirógenos exógenos (como el lipopolisacárido bacteriano), que estimulan la liberación de citocinas pirógenas endógenas (como IL-1, IL-6 y TNF) por parte de las células inmunitarias innatas. Estas citocinas viajan al cerebro, donde inducen la producción de prostaglandina E₂ (PGE₂) en el hipotálamo, reajustando el “termostato” del cuerpo y desencadenando mecanismos como la vasoconstricción, la termogénesis del tejido adiposo pardo y el escalofrío (Evans et al., 2015; Roth & Blatteis, 2014).
La Fiebre de Origen Desconocido: Un Espectro Cambiante
La definición clásica de FOD, propuesta por Petersdorf y Beeson en 1961, y sus revisiones de 1991 por Durack y Street, categorizan la FOD en clásica, nosocomial, neutropénica y asociada al VIH (Petersdorf & Beeson, 1961; Durack & Street, 1991). Las etiologías se agrupan en cinco categorías principales: infecciones, neoplasias, enfermedades inflamatorias, causas diversas y casos no diagnosticados.
Si bien la prevalencia de cada categoría varía con la década, la región geográfica, la edad del paciente y el tipo de práctica médica, las infecciones siguen siendo una causa significativa, representando entre el 16% y el 55% de los casos en series recientes (Fusco et al., 2019; Wright & Auwaerter, 2020). Absesos, endocarditis, tuberculosis e infecciones del tracto urinario complicadas se mantienen entre las causas infecciosas más comunes (Wright & Auwaerter, 2020).
El Papel Transformador de la Imagen Avanzada
A pesar de los avances en la comprensión de la fiebre, la FOD sigue siendo un reto diagnóstico. El estudio destaca el creciente papel de la tomografía por emisión de positrones con 18F-fluorodesoxiglucosa (18FDG-PET/CT) como una herramienta diagnóstica invaluable. Esta técnica aprovecha el aumento del metabolismo de la glucosa en células hipermetabólicas, presentes en procesos inflamatorios, infecciosos o neoplásicos.
La 18FDG-PET/CT ha demostrado una alta sensibilidad (85-86%) para localizar lesiones y, en meta-análisis, ha logrado identificar la fuente de la fiebre en el 58% de los pacientes con FOD clásica, incluso después de que los estudios de imagen convencionales resultaran infructuosos (Bharucha et al., 2017; Dong et al., 2011; Martin et al., 2013). Además, proporciona información más útil que la imagen anatómica convencional y puede considerarse más tempranamente en el algoritmo diagnóstico, especialmente cuando las pistas diagnósticas potenciales (PDCs) no son claras o los estudios iniciales son negativos (Bharucha et al., 2017; Wright & Auwaerter, 2020).
Finalmente, los autores señalan que, aunque la mayoría de los casos de FOD tienen un pronóstico favorable y muchos se resuelven espontáneamente (hasta en el 75% de los casos), la FOD por malignidad tiene una tasa de mortalidad significativamente más alta (Wright & Auwaerter, 2020).
Conclusión e Implicaciones Clínicas: Navegando el Futuro de la FOD
Este exhaustivo análisis de la literatura nos refuerza una idea fundamental: la Fiebre de Origen Desconocido es un campo en constante evolución, donde la ciencia y el arte de la medicina se entrelazan.
¿Qué implica esto para mi práctica clínica diaria?
- Reevalúe la “normalidad” de la temperatura: No se aferre rígidamente al 37.0°C como límite absoluto. Entienda que la fiebre es una respuesta fisiológica compleja y no solo un número.
- El arte de la anamnesis y el examen físico sigue siendo insustituible: A pesar de los avances tecnológicos, una historia clínica detallada y un examen físico minucioso son la piedra angular para identificar pistas diagnósticas (PDCs) que guíen la investigación (Wright & Auwaerter, 2020). No los subestime.
- Considere el 18FDG-PET/CT de forma estratégica y más temprana: Ante una FOD clásica sin PDCs claros o con estudios convencionales negativos, o cuando la sospecha clínica persista, piense en incorporar el 18FDG-PET/CT. Su capacidad para localizar focos de inflamación/infección puede acelerar significativamente el diagnóstico y evitar exploraciones innecesarias (Bharucha et al., 2017).
- Sea prudente con el tratamiento empírico: En pacientes estables, no neutropénicos o no críticamente enfermos, evite el uso indiscriminado de antibióticos u otros tratamientos empíricos. Esto podría enmascarar la verdadera etiología y retrasar el diagnóstico correcto (Petersdorf & Beeson, 1961). La observación cuidadosa y la reevaluación constante son clave.
- Comprenda la fisiología de la fiebre: Ver la fiebre como una manifestación de la compleja respuesta inmunitaria innata nos ayuda a entender mejor su origen y su significado clínico, trascendiendo la visión de que es solo un síntoma a suprimir (Evans et al., 2015).
El camino hacia el diagnóstico de la FOD puede ser largo y tortuoso, pero la combinación de un juicio clínico agudo, una comprensión profunda de la fisiopatología de la fiebre y el uso inteligente de las herramientas diagnósticas más avanzadas nos permitirá ofrecer la mejor atención posible a nuestros pacientes. La promesa de la medicina personalizada y de precisión brilla con fuerza en este campo, y cada caso de FOD resuelto nos acerca un paso más a desvelar sus misterios. El futuro de la investigación en FOD es fascinante, con el potencial de nuevas tecnologías y un entendimiento más profundo de la interacción huésped-patógeno que continuarán refinando nuestro enfoque.
Referencias
- Wright, W. F., & Auwaerter, P. G. (2020). Fever and Fever of Unknown Origin: Review, Recent Advances, and Lingering Dogma. Open Forum Infectious Diseases, 7(5), ofaa132.

