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Residentes en México: por qué muchos viven con miedo y no denuncian
Silvia Reyna (Equipo Editorial Reto MD)
24 de Agosto de 2026

Hablar de las residencias médicas en México implica hablar no solo de formación, sino de un sistema complejo en el que aprendizaje, trabajo y presión conviven de manera constante.
Durante años, el enfoque ha estado en la exigencia académica y la capacidad de resistencia. Sin embargo, una realidad cada vez más visible está saliendo a la superficie: muchos médicos residentes viven su formación en un entorno marcado por el miedo.
No el miedo al error clínico. No el miedo al examen.
Sino el miedo a hablar.
Un sistema donde el silencio es parte del funcionamiento
Uno de los hallazgos más relevantes es que muchos residentes no denuncian situaciones de abuso o maltrato.
No porque no existan, sino porque hacerlo implica un riesgo real.
Denunciar puede traducirse en:
- represalias académicas
- castigos dentro del servicio
- afectaciones en evaluaciones
- incluso bloqueo en la trayectoria profesional
En este contexto, el silencio deja de ser una elección. Se convierte en una forma de protección.
La falta de canales seguros
Un elemento clave es la ausencia de mecanismos confiables de denuncia.
Aunque en teoría existen vías institucionales, en la práctica muchos residentes perciben que:
- no son anónimas
- no generan cambios
- o pueden volverse en su contra
Esto genera una sensación de desprotección.
El problema no es que los residentes no hablen.
Es que no tienen garantías para hacerlo sin consecuencias.
Jerarquía y poder: una estructura que puede silenciar
La estructura hospitalaria es profundamente jerárquica.
Esto, en principio, permite organización y supervisión.
Pero también puede generar dinámicas de poder difíciles de cuestionar.
En muchos casos:
- quien evalúa también controla
- quien supervisa también sanciona
- quien enseña también decide el futuro del residente
Esto limita la posibilidad de señalar abusos.
Porque el costo de hacerlo puede ser demasiado alto.
Muchos residentes no denuncian no por falta de conciencia, sino por el riesgo que implica hacerlo.
El silencio se convierte en una estrategia para poder continuar dentro del sistema.
Sin embargo, esta realidad comienza a visibilizarse. Entender que el problema no es la falta de denuncia, sino la falta de condiciones seguras para hacerlo, es clave para cambiar la conversación.
Formar médicos no debería implicar normalizar el miedo, sino construir un sistema más seguro, justo y sostenible.
